ÁMIGO FÉLIX (Enrique y Ana)

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He conocido la historia de la niña que se quiere morir. No es única y además las historias de la gente que se quiere morir me parecen poco fascinantes y feas, muy feas. La muerte es fea de cojones, la verdad, la muerte es como combinar azul marino y negro, un despropósito para la retina.


Hannah Jones es el nombre de esta heroína de la muerte, con trece años se nos ha presentado en los telediarios a predicar que ya no quiere ositos de peluche, que sólo quiere viajar a Disneyworld y que no quiere más operaciones que la revienten el alma y las ganas de seguir, porque el corazón ya lo tiene roto. Se niega a que la operen nuevamente, sería otra operación más, lleva montones y encima no le aseguran el éxito, así que la pobre niña tiene fecha de caducidad, como los yogures.

Esta historia me fascinó momentáneamente, algo más que las demás, por la forma de expresión de la nena, con un aplomo sólo propio de gente de cincuenta años, como de falta de ilusión. Claro que si te han grabado con energía nuclear en las venas el día de tu muerte ¡tampoco estás para irte de chirigotas a Cádiz!

Hannah Jones habló con las autoridades británicas y les dijo, mira qué no, que me piro a mi casa, con mi honradez, mi inocencia y mi sueño roto de viajar al país del ratón, no quiero más hospitales como hoteles, no quiero más sábanas blancas en vez de peluches. Quiero respirar tranquila quince minutos más, media hora, cinco días o cinco años, pero si me tengo que morir antes de lo que se debiera, lo siento mucho por hacerles daño señores autoridades, pero a la muerte le digo Sí, quiero.

Así que la niña en cuestión se morirá, o al menos eso dicen los que estudian el cuerpo y sus reacciones. Y que se muera es una pena porque ha recorrido todo lo malo de la vida en pocos años, ha cargado en los primeros años toda la mala baba de la Vida y ahora que ya ha probado lo amargo de la hiel, la chiquilla se tiene que morir. Y me jode porque sabe hablar, porque es rubia, tiene ojos azules y saber estar, porque tiene lo mejor de los adultos y lo mejor de los niños.

Hanna se morirá sin ver Disneyworld y habiendo probado la mundial fama efímera, titulares de prensa y reportajes en la tele: “La niña que dijo sí a la muerte”, “La hija de la muerte”.
Ha resultado ser una niña tan bien educada que ha decidido morirse.

Santones, gentes malas y religiosos se rasgan las vestiduras y aprietan más fuerte los cilicios de sus criados, que el suyo hace mucho tiempo que ya no lo usan. En pro del postureo y para ser fieles a unos principios que hablan de la vida ajena, con el mismo tacto que una vecina en su portal, critican y la vilipendian, le mandan cartas amenazantes y la conminan a un infierno en vida.

La pequeña Hannah se merece que la mencione aquí, porque lo sentí, porque creí en la historia que me vendía, porque aceptó que esto es lo que hay y lo demás son flores.

Lo que Hannah no conoce es aquella canción que dice que cuando vayas al cielo jugarás con la Osa Mayor y un viejo que se llama Félix, que digo yo que no seguirá jugando con la Osa Mayor porque vaya castigo (para él y para la Osa).

Hannah si lo que canta esa canción no es verdad, tampoco te preocupes porque tampoco te vas a enterar, así que lo mismo te da.

Detrás quedarán los pensamientos de los que encerrados en sus casas deciden no seguir adelante con el proceso jurídico que les llevaría a obligarte a operarte una y otra vez hasta dejarte morir en paz en un hospital.

Pienso en ellos cuando sepan de tu muerte, en el día que piensen sobre la decisión que han tomado, qué resquemores tendrán, qué conciencia tocará, ¿mala o buena? Por no obligarte a vivir, por dejarte morir, un día la noticia de tu muerte sustituirá los ahora titulares y esos señores ingleses de la Justicia británica pensarán: ¿habremos hecho bien?

Yo creo que sí, pero eso no importa porque la única que tiene derecho a opinar se llama Hannah Jones, la niña mayor.


4 comentarios:

calamarin dijo...

Conoces el programa "La transversal" de radio nacional de españa? Lo emiten los Domingos 12 noche... Es un pasote delirante y entre las muchas cosas hacen una parodia-novela, titulada "Las aventuras de Enrique y Ana" que es para morirse de la risa...

forbidden dijo...

no lo conozco, me encantaba esa película, de pequeño la veía una y otra vez.

gatchan82 dijo...

no es que quiera morir. porque ella y todos moriremos algún día.

simplemente quiere decidir qué no va a hacer con el tiempo que le queda.

alguien que fuma sabe que está reduciendo su esperanza de vida en bastantes años, pero con eso no decidmos que "quiera morir".

forbidden dijo...

mmmm...no sé...me parece un caso de eutanasia pasiva.